top of page

Trastornos alimentarios en la era digital

Con el auge de las redes sociales y la presión por sostener una imagen idealizada, los trastornos de la conducta alimentaria afectan cada vez a más jóvenes.

¿Cómo identificar las señales? ¿Qué responsabilidad tienen los discursos sociales dominantes? Una mirada necesaria desde el ámbito universitario.


Por Albert Albornoz


Cuerpos vulnerables en tiempos de exposición constante
Cuerpos vulnerables en tiempos de exposición constante

En una cultura donde el cuerpo es moneda social y escaparate digital, hablar de trastornos alimentarios ya no se limita a manuales de psicología ni a consultorios especializados. La problemática se mete en la vida cotidiana de miles de jóvenes que, muchas veces, conviven con dietas extremas, culpa tras las comidas y un espejo que no devuelve lo que desean ver.


Los trastornos de la conducta alimentaria (TCA), como la anorexia, la bulimia y el trastorno por atracón, no son meras “obsesiones con la comida”. Son expresiones complejas de malestar psíquico que, según la Organización Mundial de la Salud, tienen una de las tasas de mortalidad más altas entre las enfermedades mentales. Y, aunque históricamente se los vinculó a mujeres adolescentes, hoy se extienden a personas de todos los géneros y edades, especialmente a jóvenes universitarios.


“Ser mujer es un marco que predispone a la vulnerabilidad”, explica Teresita Garrido, psicóloga especialista en TCA y TOC. “Somos el segundo país con más trastornos de conducta alimentaria después de Japón -destaca- influye mucho el tema redes sociales, sobre todo a quienes ya vienen con esa predisposición”.


Los filtros de Instagram, los reels de cuerpos esculpidos, los retos de TikTok y la cultura de la “comida saludable” muchas veces disfrazan conductas obsesivas. En este contexto, resulta urgente construir otras narrativas: que no romanticen el hambre, no glorifiquen el ejercicio como castigo y no reduzcan el bienestar a la delgadez.



Signos que hay que mirar

Cambios bruscos en el peso, restricción excesiva de alimentos o grupos alimenticios, uso de laxantes, vómitos inducidos, ejercicio compulsivo y aislamiento social en contextos donde hay comida, son algunas de las pautas de alarma.


Detectar las señales a tiempo y con sensibilidad puede hacer la diferencia. “La intervención temprana salva vidas, pero lo más importante es desarmar los discursos que sostienen el problema: la gordofobia, el culto a la dieta y la constante evaluación del cuerpo ajeno”, sostiene Carrizo.


Según la profesional, la presión estética, el estrés académico y la soledad emocional son algunos de los factores que agravan el cuadro. Los TCA no son un problema individual ni una “moda pasajera”, son un síntoma colectivo de una sociedad que valora más la imagen que el bienestar.



Comentarios

Obtuvo 0 de 5 estrellas.
Aún no hay calificaciones

Agrega una calificación
bottom of page